viernes, 24 de mayo de 2013

Partida 26-05-13

Hace una semana en otro lugar...

-¡Vamos no te retrases y sígueme!- dijo el siniestro hombre mientras descendía unas estrechas escaleras de caracol hacia ningún sitio.

El mensajero jamás había estado en un lugar como aquel. Debían de confiar mucho en él para dejarle ver todo aquello, aunque tan solo vislumbraba la túnica negra de quien le guiaba antorcha en mano. Podía sentir la presencia y el verbo del dios cojo en todo aquello. El ocaso de los dioses estaba cercano y sería entonces cuando se revelaran las cartas del juego cósmico que suponía....

El ruido del pesado cerrojo girando interrumpió sus pensamientos y según se abría la robusta puerta de la celda, vio por primera vez a aquel sobre el cual todos hablaban. Vincent, como se le conocía, vivía en una angosta cámara de sudorosas paredes. Nada tenía por mobiliario, nada donde sentarse, nada donde dormir... únicamente arrojaba un destello de humanidad la estropeada ropa hecha jirones de la secta que llevaba puesta. De espaldas y sentado en el suelo parecía un hombre bien formado, de medidas perfectas y músculos definidos y funcionales, aunque su cuerpo careciese por completo de bello. En su nuca se intuía el extremo superior del tatuaje que todos llevaban, pero algo le diferenciaba de todos los hermanos con los que había estado anteriormente. Él sí parecía estar muerto o mas bien le parecía que fuera una estatua dada su quietud y nadie le hubiera cambiado de opinión de no haber sido porque levanto su mano para recoger el pergamino que le traía. 


Tras leer el mensaje, Vincent se levanto y se giro lentamente hacia el mensajero. Entonces éste comprendió al instante de porque se hablaba tanto de él, comprendió por que le habían mantenído aquí durante tanto tiempo y también comprendió porque su guía palpaba en exceso las paredes de los corredores.

Entonces ya no comprendió nunca más.

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